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Jungle Joe


                                                             
                                                             

An article from EL HERALDO about Minca and our own Jungle Joe (Joe Ortiz): 

De infierno temporal a paraíso permanente

Hasta hace seis años, Minca, paradisíaco lugar, ubicado en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, sufrió varias oleadas de violencia. Primero fue la guerrilla, que atacó dos veces la población y destruyó las instalaciones del cuartel de la Policía, pero no pudo lograr el objetivo de tomársela.

Fueron muchos los pobladores que escogieron huir antes que someterse a los subversivos. Lo curioso es que la mayoría de ellos estaban sufriendo un segundo desplazamiento, ya que habían llegado a Minca huyendo de la violencia liberal-conservadora que azotó a los Santanderes entre finales de la década del cuarenta y comienzos de la del sesenta.

Cuando la guerrilla se cansó de hostigar y los dejó en paz, permitiendo que algunos regresaran, llegaron los paramilitares a imponer su ley. Esto alejó a los turistas que estaban comenzando a volver y todo quedó estancado. Algunos optaron por malvender, a otros les tocó simplemente abandonar lo que habían conseguido con tanto esfuerzo. Afortunadamente, de unos seis años para acá, la paz ha retornado y con ella los turistas, la mayoría extranjeros que conocen más que muchos moradores del lugar la riqueza natural que este territorio alberga.

Es que Minca es la gran puerta de entrada a la Sierra Nevada de Santa Marta, declarada Patrimonio de la Humanidad, Reserva de la Biosfera y del Hombre por la Unesco en 1980, además, por sus características, la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza la declaró Ecosistema prioritario en Suramérica para su conservación. Paradójicamente, quienes menos tienen conciencia de esta distinción son los gobernantes.

Minca, con cerca de tres mil habitantes en su casco urbano y sus diecisiete veredas, es un corregimiento de Santa Marta, pero parece que no figura en los proyectos de obras públicas ya que su carretera está totalmente deteriorada. Afortunadamente, después de ese calvario de cuarenta minutos, se llega a un paraíso que hace olvidar el tortuoso recorrido. Si estuviese pavimentada, se podría hacer en un cuarto de hora. ¿O será que los funcionarios creen que dificultando el acceso, ayudan a conservar este santuario natural?

Pero a los extranjeros, especialmente europeos, muchos de ellos biólogos u ornitólogos, esto parece no importarles, más bien lo toman como el inicio de la inolvidable experiencia de turismo ecológico y de aventura que les prometieron que disfrutarían en este territorio, donde de entrada, el sonido de las aguas del pedregoso río Minca invita a apagar cualquier dispositivo móvil o aparato que impida su disfrute. Es que esa rumorosa música invade todos los sentidos y anticipa la sensación de paz que se disfrutará en adelante al recorrer la selva virgen, apreciar la fauna y la flora, o simplemente extasiarse contemplando la multiplicidad de paisajes cambiantes a lo largo del día, a medida que el sol asciende y desciende hasta dormirse en el Mar Caribe.

De alquilar esmoquins a guía turístico en la Sierra

Joe Ortiz es un barranquillero que se dedicó durante varios años a alquilar ropa de gala en Barranquilla. Era el preferido de los socios de los más importantes clubes sociales y personajes de la farándula. El estrés citadino disparaba sus ansias de comer y llegó a tener un sobrepeso de 40 libras. Un buen día decidió venirse a Minca a disfrutar unas vacaciones, motivado por varios amigos que le hablaron de las maravillas de este pueblito cuyas casas parecen un racimo de frutas colgadas de las faldas de la Sierra.

Nunca regresó a la jungla de cemento. Compró un pedazo de tierra y allí construyó una casa de guadua donde vive con su hijo Sebastián, de diez años, con energia solar, durmiendo en una especie de ‘camaca’, un híbrido de cama y hamaca inventado, construido en guadua por él, que cuelga del techo y con el menor movimiento del cuerpo oscila e induce a un placentero descanso. Algunas parejas de turistas que han disfrutado de la hospitalidad de Joe han dicho que allí hicieron el amor como nunca antes.

Joe no solo se quitó de encima el estrés y las libras de más sino que nunca ha vuelto a enfermarse ni siquiera de gripa. Ahora es un hombre atlético que recorre los senderos ecológicos de los alrededores de Minca, guiando a sus amigos turistas en un recorrido que incluye una caminata didáctica por entre cultivos orgánicos de café y cacao, un delicioso baño en una cascada de aguas calientes, que pocos conocen, observación de aves, especialmente colibríes, tucanes, loros, guacamayos, carpinteros y azulejos, que abundan en este territorio, y un vertiginoso descenso por los rápidos del río, que hace subir la adrenalina al máximo. Son cuarenta minutos a bordo de unos flotadores especialmente diseñados, rebotando entre piedras, pero protegidos por cascos, lo cual ha evitado hasta ahora los accidentes. Esto es lo que se denomina ‘Canyon Tubing Adventure’ y se ha convertido en la actividad de moda en Minca.

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